INTRODUCCIÓN
Las asociaciones Mano Libera y Case del Quartiere de Brescia, en colaboración con el Link Urban Festival, identificaron los cuatro edificios de Via Morosini, en el barrio Primo Maggio, como un punto estratégico para una intervención de reurbanización urbana y social.
La zona se encuentra en el centro de importantes transformaciones, pero conserva una memoria fuerte, ligada a su origen industrial y obrero.
El complejo de Via Morosini fue construido en 1942 por las Industrias Caffaro, cuya sede estaba a pocas calles. En origen, alojaba a una comunidad cohesionada de trabajadores, a menudo procedentes de los valles brescianos.
Los espacios comunes –patios, huertos, cuerdas para tender la ropa, áreas de juego– eran parte integrante de la vida colectiva.
En los años 80, el complejo fue objeto de una reestructuración. Hoy está habitado principalmente por personas mayores y pequeños núcleos familiares.
Una investigación realizada en 2024 puso de manifiesto la importancia, todavía viva, de los espacios compartidos, pero también los signos de degradación física y relacional. El proyecto “Positive Pattern” nace para responder a estas necesidades, dando voz y forma a la memoria y a la identidad del lugar. El objetivo fue convertir a los habitantes en protagonistas, destacando las historias personales y colectivas para generar un sentido de pertenencia e identidad dentro de las diferencias.
La obra promueve el espacio público como lugar social y de encuentro, transformando un muro en un relato visual de la memoria y de la vida de la comunidad.
Positive Pattern tuvo como objetivo crear un punto de referencia visual y cultural en el barrio, reforzando el sentido de pertenencia y orgullo entre los residentes.
El mural representa un símbolo de renacimiento y participación, contribuyendo a transformar el espacio urbano en un lugar de encuentro y convivencia.
La participación fue un aspecto central: se organizaron dos encuentros públicos, en agosto de 2024, en el espacio común del complejo. Tras una presentación del proyecto y de mi enfoque, una fotógrafa realizó retratos de los habitantes dispuestos a ser representados.
Fue posible incluir también figuras significativas del pasado, reconocidas por la comunidad. Entre los rostros elegidos se encuentran:
– la periodista Nadia Toffa, quien denunció la contaminación de la zona;
– antiguos trabajadores de Caffaro;
– residentes fallecidos pero recordados con afecto.
El mural incluye 20 figuras, que se alternan con figuras abstractas de color oro amarillo, representando recuerdos, espacios compartidos y experiencias comunes que crean esta comunidad real e ideal.
El título, I Wish a New World, se tomó de una camiseta vestida por uno de los residentes protagonistas.
La obra fue realizada íntegramente con aerosol en 5 días, a finales de septiembre, con la ayuda de una plataforma elevadora.
La participación creció de manera espontánea: desde el primer encuentro, inicialmente tímido, al segundo día decenas de residentes se sumaron al proyecto.
El boceto final fue revisado con los participantes para afinar juntos la elección de las figuras. Esto fortaleció el sentido de pertenencia al proyecto y aumentó el valor afectivo de la obra.
Durante la realización, la obra atrajo a curiosos y visitantes, transformando durante algunos días un área marginal en un centro de atención cultural.
Los residentes expresaron entusiasmo y orgullo, señalando el impacto estético inmediato y la posibilidad de un rescate simbólico de su barrio.
respecto a las previsiones iniciales
con participación directa
Más de 50 participantes involucrados
en los canales de las asociaciones durante la semana de la obra
en la zona (dato estimado mediante observación directa y comentarios de los residentes)
“Ver a mi madre en el muro, junto a los vecinos con los que vivió 40 años, fue emocionante. Es como si aún estuviera aquí con nosotros.”
– R., residente e hija de una de las protagonistas de la obra
“Al principio no entendía el sentido, pero luego vi que estábamos haciendo algo juntos. Ahora ese muro habla de nosotros.”
– A., 78 años, residente del número 69
“Finalmente alguien miró este lugar con ojos diferentes.
Este mural ha traído vida, atención y respeto”
– M., voluntaria de la asociación Mano Libera
El proyecto I Wish a New World demostró cómo el arte urbano participativo puede activar dinámicas profundas de regeneración social, cultural y simbólica.
No se trató solo de pintar un muro, sino de reconstruir lazos, devolver dignidad a una memoria colectiva y sacar a la luz las historias silenciosas de un barrio.
La intervención transformó un complejo periférico en un punto de referencia urbano, reactivando la vida social, mejorando la percepción externa y generando un nuevo sentido de orgullo entre los habitantes.
El arte, en este contexto, se reveló como una herramienta poderosa para recomponer la relación entre el espacio y la comunidad.
Si desea llevar esta propuesta artística participativa a su comunidad, espacio cultural, comunidad educativa o colegio, estaré encantado de estudiar su proyecto.
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